31 marzo 2013

Oposición decadente.




Por : Gilberto LAVENANT

Durante varios sexenios, esto es ampliamente conocido por los mexicanos, México se estancó, básicamente, porque quien ocupaba la Presidencia de la República, no lograba llegar con una legislatura mayoritaria, y entonces, era bloqueado por los legisladores de los partidos de oposición.


En nuestro país, ser oposición, no es tener o plantear una propuesta contraria al partido gobernante, sino simplemente oponerse, por sistema, a todo lo que no es propuesto por ellos.

Esto lo entendieron los panistas, hasta que llegaron al gobierno y -durante 12 años-, observaron que no es fácil operar y avanzar, cuando los partidos que les son opuestos, bloquean o cuestionan las propuestas del Presidente en turno.

Durante la pasada contienda por la sucesión presidencial, el entonces candidato priísta, Enrique Peña Nieto, advirtió que para lograr las grandes reformas estructurales que requiere el país, se tenía que adoptar una forma de gobierno de coalición. Este era un tema recurrente por parte del líder priísta en el Senado, Manlio Fabio Beltrones.

Por eso no sorprendió, cuando al asumir la Presidencia de la República, Peña Nieto firmó el llamado Pacto por México, con los dirigentes nacionales del PRI, PAN y PRD, representativos de las tres fuerzas políticas más importantes en el país.

Algunos, con marcado escepticismo, dijeron que era un pacto más, como muchos otros que se firmaron en el pasado y que quedaron en simple pose política.

Cuando empezaron a surgir las primeras reformas, incluso la laboral, planteada por Felipe Calderón, y luego la educativa, sin la injerencia de la Maestra Gordillo, la líder inmoral del magisterio nacional, los políticos de la oposición empezaron a tratar de adjudicarse la autoría de las prtopuestas correspondientes.

Para Peña Nieto, la cuestión no era precisar, anunciar o reconocer de quien fue el mérito, sino ver que las propuestas se hicieron realidad y que daban pauta para muchas otras que se pretende plantear o promover antes de que concluya el presente año.

Sin embargo, no se sabe qué tanto habrá de avanzarse y cuánto se logrará, pues los políticos de oposición, no están acostumbrados a conciliar, a buscar y encontrar consensos. Su esencia es oponerse a todo, por sistema. Por naturaleza propia.

Temen, que al seguir adelante con los compromisos del Pacto por México, les restará fuerza, les hará aparecer como comparsa del partido en el gobierno y entonces se desnaturalizarán. Para ellos, no cuenta el interés nacional, sino sus intereses muy particulares. Partido que no se opone, se alía, dicen. Y entonces, suponen que deja de tener objeto su existencia.

Podría decirse que el PAN era un partido fuerte, como oposición al PRI-gobierno. Su descomposición, y prácticamente su aniquilamiento, se inició a partir de que llegan al poder. Pero siendo gobierno, los panistas no solamente perdieron su escencia, la mística que les mantuvo vigentes durante tantos años, sino que además, no resistieron la tentación de hacer, lo que tanto criticaron que hacían los priístas. En sólo 12 años, aprendieron, diseñaron y desarrollaron, todo tipo de mañas, triquiñuelas y trampas.

Sin embargo, ahora que han vuelto a ser oposición, como que se sienten incómodos, que en lugar de adoptar posturas contrarias al PRI-gobierno, su participación en el llamado Pacto por México, les obliga a reconocer y aplaudir los logros. Mucho más, cuando que los dirigentes nacionales de PAN y PRD, han tenido la oportunidad de aparecer al frente del Consejo Rector del mismo. Este mes el coordinador lo fue Madero y a partir del lunes lo será Jesús Zambrano.

Esto ha generado, severos cuestionamientos y críticas, de ciertas fracciones de sus respectivos institutos políticos. Se ha dado el caso de presumir que algún beneficio personal recibieron, tanto Gustavo Madero como Jesús Zambrano, para que hayan hecho a un lado su combatividad y ahora aparezcan tan dóciles.

En el caso de Jesús Zambrano, dirigente nacional del PRD, se dice que su participación en el Pacto por México, logró unificar, en su contra, a las corrientes perredistas leales a Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard.

Algo que también ha generado inquietudes e incomodidades, tanto en el PRD como en el PAN, es el hecho de que las propuestas que se hacen, primero deben ser analizadas o discutidas y aprobadas, en el Consejo Rector del Pacto por México, y que en tales circunstancias, este es un poder máximo, y  que el Congreso de la Unión ha quedado reducido a simple oficina de trámites, encargado de validar las iniciativas, previamente aprobadas.

En el caso de los panistas, las cosas no están menos  complicadas. El sábado 16 de marzo, del año en curso, en la inauguración de la XVII Asamblea Nacional del PAN, su dirigente, Gustavo Madero, dijo que dicho instituto político, está entrando a un  nuevo ciclo, que ya no es gobierno, que ya no es oposición, que ahora es una fuerza política modernizadora de México. Esto, obviamente fue recibido con desgrado y malestar de muchos panistas.

Ayer, en la capital del país, la Senadora Luisa María Calderón y el también Senador Ernesto Ruffo Appel, aseveraron que el Pacto por México, ha debilitado al PAN y señalaron a su dirigente Gustavo Madero, de falta de firmeza y carácter, para conducirse como oposición.

Esta es la oposición decadente, que no sabe de conciliaciones y consensos, que basa su fuerza en posturas opositoras por sistema. Por eso estamos como estanos.