30 septiembre 2012

Trabajadoras jornaleras, expuestas a agroquímicos cancerígenos.‏



Escrito por Carlos Linaldi M.

Trabajadoras agrícolas, en su mayor parte indígenas en pobreza, se encuentran obligadas a aceptar trabajo en campos agrícolas, expuestas a agroquímicos cancerígenos. Sin equipo de protección ni servicios de salud adecuados, cuando se ven expuestas de manera directa a este tipo de contaminación.
Son algunas de las conclusiones a que llega una investigación titulada Agroquímicos y mujeres indígenas jornaleras de Baja California, realizada por Lourdes Camarena, Christine Alysse Von Glascoe y Evarista Arellano, entre otras, y publicada por la Semarnat y el Instituto Nacional de Ecología.
En la introducción se detalla que Baja California es un polo de atracción para los migrantes, por su dinámica económica y su cercanía con estados Unidos. El estado cuenta con dos áreas de producción agrícola: los valles de Mexicali y San Quintín. Se trata de una actividad intensiva en cuanto a la producción de trigo, algodón y alfalfa, por la superficie sembrada, así como el tomate, la fresa y el cebollín, por su alto valor de comercialización. La ventaja competitiva para la producción de hortalizas mexicanas es la baja remuneración salarial de los jornaleros.

La mayoría de los trabajadores que se emplean en el sector agrícola provienen de comunidades indígenas, como a mixteca, zapoteca, náhuatl y triqui.
La investigación se desarrolló en Maneadero y San Quintín.
Unicef México y Sedesol estiman que el flujo de trabajadores a San Quintín es de 25 mil individuos por año.
Este flujo de migrantes se ha incrementado en todo el país en los últimos años, sobre todo mujeres. En el 85 solo el 20 por ciento de los trabajadores jornaleros eran mujeres. En la actualidad en San Quintín, Baja California, el 61.8 por ciento son mujeres y hasta el 90.6 por ciento, del sexo femenino, quienes residen en campamentos.
La ventaja de contratar mujeres estriba en la facilidad que demuestran para pasar de un proceso a otro, de un producto a otro y para elevar progresivamente la productividad. Ellas se adaptan a trabajos delicados o pesados, según se requiera.
Sin embargo, se trata de empleos sumamente precarios: bajo salario, falta de seguridad en el empleo, irregularidades en la forma de contratación, intermitencia e inestabilidad en la contratación y variación en la jornada laboral. 

LOS PAGUICIDAS.
El estudio indica que por la intensidad de las actividades agrícolas, parte de los insumos que se emplean son plaguicidas, que por ser altamente tóxicos, solubles y persistentes, representan un riesgo para la salud de las jornaleras. Por lo regular, los trabajadores agrícolas sufren una amplia gama de enfermedades relacionadas con el trabajo: respiratorias, dermatológicas, intestinales y crónico-degenerativas, como cardiopatías, diabetes y cáncer.
La exposición a los plaguicidas no se limita a los trabajadores directamente expuestos, sino que incluye también a los trabajadores cercanos, a sus familias y a los residentes próximos al área de cultivo, esto se debe en parte al arrastre de los plaguicidas por el viento.
Los jornaleros viven doblemente expuestos, tanto de manera ambiental como ocupacional .
Baja California se ubica entre los trece estados con mayor uso de plaguicidas.
Solo estas entidades aplican el 80 por ciento del total de plaguicidas que se consumen a nivel nacional.
En Baja California, según Bojórquez, se aplican de manera indiscriminada en términos de número de aplicaciones, cosechas y tiempos de reingreso.
De 28 agroquímicos utilizados en 1994, identificados como altamente cancerígenos y teratogénicos, aún se siguen utilizando 14.
En el Plan estatal de Desarrollo 2008-13 se establece que la actividad agrícola en los valles ha traido consecuencias negativas para la salud pública, por la dispersión de partículas al aplicar agroquímicos por vía local o aérea sin existir una reglamentación al respecto.
SON VENENOS: JORNALEROS
En general, los jornaleros desconocen el tipo de compuestos químicos a que se exponen, pero reconocen que se trata de “venenos” que resultan peligrosos. Los describen en términos de qué tan fuerte es su olor, y los relacionan al ajo y la canela.
Saben que están expuestos de manera constante, ya que observan que el ciclo de aplicación es bimensual.
Están expuestos por su actividad laboral o por el hecho de estar presentes cuando están fumigando. Se exponen mas a los plaguicida durante el corte de las hortalizas, el deshoje, el deshierbe o la aplicación del hierbicida al tomate.
Otra forma de exposición es cuando pasan los aviones fumigadores, mientras ellas se encuentran trabajando. Eventualmente las mueven para la fumigación, pero en cuanto se lleva a cabo, son regresadas a estos lugares.
Ellas están obligadas a quitar los plásticos de las plantas para que entren los químicos a la tierra y la raíz, y de inmediato vuelven a taparlos.
El deshierbe constituye un contacto directo, ya que respiran el agroquímico.
LOS EFECTOS
El contacto con los plaguicidas provoca en las mujeres vómito y cefalea, sin embargo, no identifican esto como intoxicación. Cuando son llevadas a los servicios de salud, los médicos tratantes les dan medicamento, pero no catalogan ni dan seguimiento a los casos como intoxicación.
Las trabajadoras suelen no reportar los casos de intoxicación por miedo a perder el empleo.
Las medidas de prevención que aplican ellas mismas son el uso de paliacates en la cabeza y para cubrirse la boca, ya que por lo regular no reciben equipo de protección. Cuando se intoxican suelen tratarse ellas mismas con alcohol, limón y ajo molido, dependiendo de las zonas de la piel o los órganos que hayan tenido contacto con los químicos. Las autoridades de salud públicas conocen esta situación, pero es poco lo que se hace para mejorar las condiciones de las trabajadoras, en su mayoría indígenas de otras partes del país